sábado, 6 de marzo de 2010

La muerte del cine por James Cameron


Publicó esta crítica antes de que lleguen los Oscar, donde la película de James Cameron, Avatar, es considerada una de las favoritas para ganar el principal galardón de la noche: Mejor Película.

Es innegable que Avatar, merece un Oscar, pero este no debe de ser Mejor Película ni el de director. La mayor contribución de Avatar (y de James Cameron en consecuencia) es tecnológica, ya que Cameron tardó más de una década en desarrollar la cámara con la que filmó Avatar.

La cinta como producto cinematográfico cojea en todos los frentes, el guión si bien no es un plagio directo, es posible rastrear retacería de miles de otros filmes (desde Pocahontas hasta Gorilas en la Niebla, pasando por Julio Cortázar e Isaac Asimov en la literatura). De esta forma la trama de la película no ofrece nada nuevo, un chico con problemas personales (en este caso es paralitico) conoce a una chica con problemas aun mayores (cualquier persona que gaste su tiempo enseñando los dientes a su pareja debe tener problemas psicológicos), por lo tanto desde los primeros quince minutos el espectador es capaz de deducir que viene a continuación.

Otro punto flaco, es la construcción de personajes, todos los personajes son blancos o son negros, ninguno maneja matices (especialmente los protagonistas Sam Worthington y Zoe Saldaña). De esta forma continuamos con los lugares comunes, la pareja debe enfrentar al general que es peor que los triglicéridos, al novio despechado y de paso la incomprensión del mundo que no entiende su amor (misteriosamente suena a Titanic, ¿no?)

Ni hablar del débil comentario o metáfora política que contiene el filme, si de hablar de la guerra en Irak y Afganistán se trata, mejor tratar la psique de los soldados que regresan trastornados de una guerra sin sentido (más allá del económico), mejor ver In the Valley of Elah con Tommy Lee Jones o en su caso The Hurt Locker de Kathryn Bigelow, dos claros ejemplos de lo que espera a los americanos con sus veteranos de esta guerra.
Todos estos puntos malos deben ser atribuidos en su totalidad a James Cameron, quien al concentrarse demasiado en la parte tecnológica de la cinta, irremediablemente, descuido los demás aspectos, olvidando que las grandes películas se construyen como un conjunto de todas las partes.

Algunos acertadamente dirán que soy un resentido social (no lo niego), porque si Avatar ha logrado recaudar $2, 551, 489, 342 dólares en taquilla (cifras según www.imdb.com) algo bueno debe de tener, en efecto no se equivocan, Avatar resulta divertida para la mayoría de las personas (no es su culpa, no es que no gusten del cine, no saben apreciarlo), sobre todo en su primera media hora, pero en cuanto el espectador adivina a trama, la magia desaparece.

El hecho de que recaude tanto dinero en taquilla, es el mayor indicador de la muerte del cine como lo conocemos (o al menos como el autor de esta crítica lo disfruta), la imposición de la tecnología sobre los demás elementos cinematográficos (sueño húmedo de la mayoría de los productores hollywoodenses). Y en tiempos de crisis no duden que cada vez más personas apostarán por la formula Avatar(que en realidad no es nueva, aunque con las salas 3-D vive un nuevo aire).

Mucha forma, poco fondo.

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