jueves, 2 de diciembre de 2010

Enredados: Formula que se repite


Los créditos inician recordándonos los 50 años de Disney, Mickey conduce un barco de vapor, el corto animado que le dio fama al ratón y a su empresa, presagio de lo que los espectadores están a punto de ver en pantalla. Una fórmula  que se repite a lo largo de toda la filmografía de Disney.

Enredados (Nathan Greno y Byron Howard, 2010) es la nueva entrega de Disney, donde se narra la historia de Rapunzel, una chica que fue robada de su cuna y llevada a una torre de la cual no puede salir debido a que su cabello tiene poderes rejuvenecedores, por lo cual su captora finge ser su madre y así vivir para siempre.

El problema con la nueva producción de John Lasseter, el genio detrás de Toy Story, es que no brinda nada nuevo. Una de las características de Lasseter como productor y director en Pixar era la constante innovación que presentaba en sus cintas, pero en Enredados esas cualidades brillan por su ausencia. 

Pareciera que el único aspecto nuevo dentro de la película es la animación del mágico cabello de  Rapunzel,  fuera de eso la total carencia de originalidad se convierte en una losa para el filme. Tangled es la definición de cine pastiche, toma prestado elementos de toda la historia fílmica de Disney  y trata de hacerlo pasar como algo original. 

¿Neta?
Desde la princesa que se ve envuelta en una tragedia que no pidió, pero que a su sangre real le es inherente, hasta el número musical que precede al beso del verdadero amor entre los protagonistas. Esto continúa con los animales, sobre todo el caballo que se comporta como sabueso sin explicación alguna mas allá de la magia de Disney, es como si Abú en Aladdin tuviera comportamientos de Oso Grizzli, algo completamente fuera de lugar. Aunque sin duda el camaleón termina por robarse la cinta. 

Disney debe encontrar nuevamente el camino a la originalidad, en su fundación carecía de competidores fuertes en su área, el mundo cambió pero las maneras de Walt Disney se mantuvieron, no hubo evolución y ahora lo están sufriendo. El hacer afroamericana a la princesa no funcionó –La princesa y el sapo, 2009– y animar el cabello, un verdadero logro para el mundo de animación digital, tampoco causó furor alguno. Ni siquiera comprar Pixar ha logrado inyectar oxigeno a este elefante blanco.

Por Rafael Paz

Pd ¿De verdad creyeron que la voz de Chayanne iba a atraer hordas de niños al cine? Y ni hablemos de Fanny Lu

sábado, 27 de noviembre de 2010

Toy Story 3: Atacando el subconsciente


Desde su inauguración, Pixar se convirtió en la casa productora más vanguardista que habitaba en Hollywood, no sólo por su uso de la tecnología, sino por la profundidad de sus historias. Su primer largometraje, Toy Story (1995), demostró que el éxito de una película no residía en sus actores, ni las voces que los interpretaban –que en inglés incluyen a Tom Hanks y Tim Allen–, sino en un guión bien construido y lleno de personajes entrañables.

Toy Story 3 llega al DVD y Blu Ray tras estrenarse en medio de un verano que se vio invadido por una muy pobre oferta en las salas de cine –obviamente planeada por las distribuidoras–, lo que derivó en que la última entrega de Pixar haya sido la película más taquillera del país –porque internacionalmente no hay quien alcance a Avatar.
Pixar tiene una larga historia de hacer pasar cintas para adultos como simples atracciones infantiles. (Si no quiere destruir sus recuerdos infantiles, no continúe con la lectura, me recomendaron darles la advertencia). Analizando toda la filmografía de Pixar, podemos comprobar que gustan de verdaderos traumas familiares o individuales: Los Increíbles relata la historia de una familia terriblemente disfuncional  al borde del divorcio, derivando en la ruptura del núcleo más primario de todo ser humano; Buscando a Nemo nos habla de un niño con una severa discapacidad motora y, no siendo suficiente, tampoco tiene madre –literalmente–, y para acabarla de amolar, es separado de su único sostén, su padre; Up, plasma el abandono, el maltrato y el olvido –económico y familiar– que sufren la mayoría de las personas de la tercera edad alrededor del mundo, además de que se desenvuelven en una sociedad que por sistema prefiere ignorarlos (si no produces ya no eres necesario); Monsters, Inc. tiene como personaje principal a una niña que vive atemorizada del mundo real, además de que sufre abandono por parte de los padres y que, como única salida, imagina todo un mundo de criaturas que viven en su armario; esto es sólo un ejemplo de las historias que son tratadas en los guiones de Pixar, que en todas las cintas derivaban en grandes libretos –exceptuando Cars y Bichos.

Para la tercera entrega de Toy Story, el comienzo de la cinta adelanta una historia bastante fuerte (emocionalmente hablando), pues somos testigos de una de las fantasías de Andy en la cual sus juguetes son los protagonistas; después avanzamos y vemos a Andy a través de la lente de una cámara casera, único lazo con su infancia olvidada, ya que ahora tiene 17 años.

Antes de ver la película, un sinfín  de conocidos me lanzaron adelantos de lo que iba a contemplar: desde dinosaurios homosexuales, hasta la muerte de uno de los juguetes y, por sobre todas las cosas, lágrimas, muchas lágrimas. Al final, todo resultó falso.

Sé que, al final del día, Pixar es una casa productora dedicada a hacer películas para niños y esto sólo se remarca por el hecho de que Disney es ahora el dueño de la empresa, lo que deriva en que ninguno de los personajes encuentre un fin trágico.

Michael Arndt, guionista de la película, nos ofrece una trama basada en el cambio de vida que tendrá Andy debido a que próximamente dejará su casa y marchará a la universidad.

Obviamente, a esa edad, al muchacho ya no le resultan entretenidos sus juguetes y los tiene arrumbados en un cajón –bueno, los que todavía conserva–, los juguetes a su vez pasan sus días ideando formas de cómo llamar la atención de su dios.  

Obviamente, el hilo conductor está enfocado a todos los adultos jóvenes que vieron la primera parte de la trilogía cuando eran unos infantes y ahora, al igual que Andy, han crecido. Los retos a los que se enfrentan son diferentes, y en algunos casos, iguales a los de Andy, quien tiene que abandonar su hogar para terminar su educación y volverse un adulto productivo.
Es aquí donde entra en juego el subconsciente.

La generación de niños que vio Toy Story está marcada por varios fenómenos sociales: el control de natalidad, lo que deriva en familias nucleares en muchas ocasiones con un sólo niño; el alto índice de divorcios; padres que se ven en la necesidad de trabajar y que encargan a la criatura, en el mejor de los casos con la abuela o con la tía; todo esto potencia los problemas de abandono y falta de atención en muchos niños.

Así, al ver Toy Story 3, encontramos a toda una generación de niños-adultos que proyectan los problemas de su niñez en los juguetes de Andy. Esta proyección e identificación, hace un puente con el inconsciente y despierta recuerdos reprimidos.

Y durante el transcurso de la película, esto se hace más evidente, desde que nos damos cuenta que la secuencia inicial es sólo una fantasía infantil, hasta que los juguetes son salvados de ser derretidos, por una garra.

Si a eso le agregamos que cada uno de los muñecos refleja arquetipos de personalidad –el dinosaurio es el clásico amigo miedoso que todos hemos tenido alguna vez en la vida–, la conexión con el inconsciente se torna aun más evidente. Por ejemplo con el Oso Lotzo, el cual es malo, no por naturaleza, sino por alguna experiencia de vida, como cientos de niños alrededor del mundo, que se dedican a molestar a los demás como salida a sus problemas interpersonales.

Todo esto en conjunto hace que el espectador no note algunas fallas presentes en el guión, empezando por la  forma en que los juguetes salvan la vida, siendo la garra que surge del cielo –como un dios– uno de los giros de tuerca más previsibles de toda la filmografía de Pixar. Si querían causar verdadera angustia en el público, debieron dejar que alguno de los personajes muriera –aunque, como se trata de una película para niños eso nunca iba a pasar.

La repetición de trama y personajes es, de la misma forma, un error de Pixar. En la segunda parte, por un error del destino, los juguetes deben salvar a Woody de una vida lejos de Andy, mientras que, en la nueva entrega, Woody les regresa el favor, sacándolos de una guardería donde seguramente perecerán lejos de su dueño. En cuanto a los personajes, el Oso Lotzo, a pesar de que es un villano bien dibujado y desarrollado a lo largo del filme, algunas de sus facetas recuerdan a Síndrome, el némesis de Mr. Increíble, quien, ante el abandono y rechazo de su ídolo, se vuelve malo –podemos agregar que Lotzo tiene un ligero toque del Oloroso Pete, quien aparece en Toy Story 2.

Esto debería de ser preocupante para las cabezas que dirigen Pixar, pues hasta la fecha, se habían distinguido por entregar filmes de muy buena manufactura, pero los pequeños detalles que evitan  la perfección de Toy Story 3 pueden ser el principio del fin. La falta de dinámica y evolución sólo provocarán retrocesos. Si a esto le sumamos el anuncio de la producción de las secuelas de Cars y Monsters Inc., el panorama comienza a lucir sombrío. Pero podemos rastrear el problema no sólo en Pixar, sino en toda la industria hollywoodense que, últimamente, sólo encuentra originalidad en pocos directores que verdaderamente arriesgan (Christopher Nolan y Spike Jonze, entre otros); los estudios prefieren jugar a la segura con franquicias que cada vez lucen menos atractivas, pasando por Shrek 4 y Sex and the City 2. Ojalá Pixar encuentre el camino nuevamente.

Mientras eso sucede, los consumidores de entretenimiento casero alrededor del mundo, seguirán llorando con Toy Story 3 al verse afectados subconscientemente por lo que están viendo.  Un porcentaje mucho menor es gente amargada que no llora en el cine –como el autor de este texto– y los que sobran, simplemente les gusta soltar el moco cuando ven alguna película.

P. d. Lo mejor es que Andy regaló sus juguetes, sino esto, fácilmente se hubiera convertido en la precuela de Virgen a los 40.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Harry Potter 7 (Parte 1): Pongan las golondrinas para el maguito


Una generación quedará huérfana en unos meses; la mayoría eran niños, a lo mucho adolescentes, cuando en 1997, el primer libro de Harry Potter fue colocado en la estantería de una librería. Una ola de críos identificados con el pequeño mago creado por J.K. Rowling, consumieron vorazmente las paginas, identificándose con este niño huérfano cuya vida cambia al enterarse que es un mago; toda una generación de infantes reflejando los dramas que los aquejan en la vida diaria: padres divorciados o que trabajan todo el día, niños solos que son cuidados por familiares, en el mejor de los casos, etc. Este nuevo fenómeno no podía pasar desapercibido por el cine, para la Warner fue imposible ignorarlo.

Así, casi diez años después la primera entrega cinematográfica de la saga, ha sido estrenada la última, dividida en dos partes sin una explicación más allá del asunto económico, la misma razón por la que llegó al celuloide en primer lugar. Al menos hay congruencia.

El guión nunca ha sido el fuerte en las películas de Harry Potter, a diferencia de El Señor de los Anillos, lanzada el mismo año que La Piedra Filosofal. Desde el inicio era notorio que los guionistas fueron incapaces de transformar el lenguaje de la literatura al lenguaje cinematográfico, pero todo esto fue mitigado gracias a al éxito en taquilla; los fans no acudían a ver una obra maestra del cine, agotaban las entradas con una sóla idea en mente: ver su fantasía hecha realdad.

Para Harry Potter 7: Las Reliquias de la Muerte (Parte 1), Steve Kloves –guionista– y David Yates –director– logran un filme ágil y entretenido, cuya principal falla radica en la necedad de hacer, de un libro, dos filmes, pero, a pesar de esto, tuvieron la suficiente visión de aligerar el material de Rowling justo ahí, donde las explicaciones propias de la literatura resultaban redundantes para el cine.

Muchos han querido comparar a Harry Potter con El Señor de los Anillos, pero hay varias diferencias fundamentales entre las dos series. La más grande de todas es que El Señor de los Anillos tiene un sólo director, Peter Jackson; para Potter, 4 directores han estado a cargo del proyecto, Chris Columbus para HP1 y HP2, Alfonso Cuarón HP3 (la mejor de las siete), Mike Newell HP4 (quizá la más aburrida de toda la serie) y David Yates HP5 HP6 y HP7. Estos cambios en la dirección provocan que no haya uniformidad en el proyecto.

Otro punto donde la comparación con El Señor de los Anillos resulta errónea, es en la construcción literaria de las novelas, ya que J.K. Rowling y J. R. R. Tolkien perseguían objetivos muy distintos: Rowling hace de cada libro una unidad (como las películas de Indiana Jones, que conservan los personajes y temas principales, pero cada entrega desarrolla un tópico diferente), mientras que Tolkien creó una novela en tres actos; ahí radica la genialidad de Peter Jackson, pues comprendió este punto y filmo una sola película, la cual partió en tres, como Tolkien.

A diferencia de los fans de los libros de Tolkien, los seguidores de Harry Potter (al menos la mayoría) nunca se quejaron de esos dos aspectos, simple y sencillamente porque no les importaba. En esto se parece más a la saga de Crepúsculo, que también basa su popularidad en cualquier otro aspecto –el atractivo físico de los actores, por ejemplo–, sin reflexionar sobre la calidad del material expuesto.

Hay que darle crédito a David Yates en reconocer que la fortaleza de su película radica en la química de los tres actores principales: Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, quienes, sin ser grandes actores, logran funcionar en pantalla.

Un aspecto que ayuda mucho a la fluidez de la cinta es que la trama ya no se desarrolla dentro del castillo de Hogwarts, así que tenemos persecuciones, triángulos amorosos, intriga, incluso Daniel Radcliffe se desnuda para beneplácito de sus seguidoras, y la fotografía se luce de igual forma gracias a este punto.

Harry Potter 7: Las Reliquias de la Muerte (Parte 1) no será la película que le cambie la vida, eso téngalo por seguro, ni siquiera es la mejor de toda la serie, pero como producto, resulta entretenida.

Si los libros de J.K. Rowling nunca fueron considerados obras maestras de la literatura, podemos decir que las películas tampoco lo fueron para el cine. A pesar de esto, el hueco dejado por Harry Potter será difícil de llenar para los amantes del cine de fantasía, pues ninguna franquicia parece tener el potencial. 

Así que, fanáticos, disfrútenlo y vayan poniendo las golondrinas en su mp3, el maguito se despide tal y como llegó, sin pena ni gloria más que la alcanzada gracias a ustedes.

Por Rafael Paz (@pazespa)

jueves, 28 de octubre de 2010

ESTO NUNCA DEBIÓ EXISTIR (O AL MENOS DEBERÍA DE SER LA ÚLTIMA VEZ QUE LO HACEN)

Desde la aparición de La Bruja de Blair allá por el lejano año de 1999, a partir de ese día las películas de terror nunca han vuelto a ser lo mismo, decenas de imitaciones posteriores han tratado de recrear lo logrado por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez (que tampoco era la gran cosa) sin poder lograrlo.
Actividad Paranormal 2 narra la historia de una familia con un recién nacido, la cual debió a este acontecimiento comienza a sufrir el acoso de un ente del más allá. ¡Qué mello!
Hace unos años Actividad Paranormal se estreno cuando todavía resultaba semi-novedoso el uso de cámaras de seguridad y cámara en mano para conectar con el espectador y transmitir terror, pero para esta secuela el recurso ya resulta soso y lentamente se está convirtiendo en un cliché.
El cine de terror gringo hace mucho que perdió la brújula, las viejas glorias de Wes Craven cada día se notan más lejanas, cintas como Pesadilla en la Calle del Infierno (el enemigo estaba en tu subconsciente), Chuky (el mal representado por un inocente juguete) o Viernes 13 (todo sucedía en campamento de verano) resultaron exitosas no sólo por que jugaban con el factor emocional de la audiencia sino porque la psicología juagaba un papel importante en el desarrollo de la historia.
Inclusive los españoles lograron mejores resultados usando las técnicas mostradas en Actividad Paranormal, recordemos REC (2007, Jaume Balagueró y Paco Plaza) la cual tuvo un éxito impresionante y una buena recepción del público, tanta fue la notoriedad que logró que Hollywood hizo su propia versión: Quarantine (2008, John Erick Dowdle).
Esto ni siquiera aparece en la película
Al comienzo de Actividad Paranormal 2 el lógico que los asistentes a la sala de cine se asusten, obvio saltan de sus asientos, pero esto se debe más al incremento en el volumen de los golpes en la bocinas y no a una trama que atrape, lo cual a la larga provoca que el final resulte predecible una media hora antes de que aparezcan los créditos.
Resulta curioso que las distribuidoras mexicana decidieran poner a competir en la cartelera a dos opciones tan similares y tan fallidas al mismo tiempo, Actividad Paranormal vs El Último Exorcismo. Ambos filmes utilizan los mismos recursos de narración, y aunque en El Último Exorcismo el director y el guionista tratan de que el desenlace resulte sorpresivo esto no salva el largometraje (el cual por cierto uso un truco muy barato para promocionarse, no se dejen engañar por el poster Quentin Tarantino no tiene nada que ver aquí).
Hollywood debería girar la cabeza y analizar que están haciendo bien los asiáticos, quienes continúan provocando un espanto tras otro, pero cuando se dan las adaptaciones americanas la magia se pierde, aunque se haga cuadro por cuadro.
Es necesario un cambio sino la industria fílmica, al menos en el terror, está destinada al fracaso.

ENTRE BARDEM Y EL EGO DE IÑÁRRITU


Biutiful llegó a las salas mexicanas con el respaldo de ser la última (o la más reciente dicen los educados de la lengua) película de Alejandro González Iñárritu, uno de los “tres compadres” (Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro completan el triunvirato) proclamados como los redentores del cine mexicano, además del soporte que le otorga el premio a la mejor actuación del Festival de Cannes para Javier Bardem; gracias a esto gozó de una gran campaña publicitaria a diferencia de las demás cintas de manufactura nacional condenadas a dar el semanazo en cartelera.Iñárritu ejemplifica a la perfección uno de los síndromes que aquejan en la actualidad al cine mexicano: la falta de consistencia y evolución en la ideas del cineasta. Al revisar Amores Perros (2000), es notorio que el director está echando toda la carne al asador, a sabiendas de que hay muchas posibilidades de nunca volver a tomar una cámara, como muchos otros realizadores mexicanos caídos en desgracia.
En Biutiful se narra la historia de Uxbal, un catalán que inexplicablemente habla con los muertos (al estilo de Ghost Whisperer), además se dedica a colocar mercancía que producen un grupo de esclavos chinos en un taller y tiene cáncer de próstata. Todo esto sin el aderezo de la fragmentación del tiempo, convirtiéndose en una historia completamente lineal, situación predecible después de su sonado rompimiento con Guillermo Arriaga, coguionista de sus tres primeros filmes.
Pero es aquí donde comienzan las fallas, Iñárritu, a pesar de todo su esfuerzo, no logra cuajar un buen guión. El que Uxbal hable con los muertos nunca es explotado como recurso narrativo para ayudar a avanzar el filme, sólo como accidente de la trama, lo cual resta fuerza al gran trabajo que realiza Javier Bardem. Los personajes secundarios tampoco ayudan mucho, pues abundan y ninguno se desarrolla completamente, desde la ex esposa alcohólica y ¿prostituta?, la pareja de chinos homosexuales (diversidad metida con calzador), hasta la inmigrante senegalesa, todos empantanan la trama y como consecuencia, la cinta se siente larga sin justificación alguna.
Es gracias a la gigantesca actuación de Javier Bardem que la película encuentra su justificación. Su Uxbal es un personaje entrañable y de gran identificación con el público. No es de extrañarse que el jurado de Cannes lo eligiera como la mejor actuación del certamen. También como resultado del trabajo de Bardem que “El Negro” destaca en lo que mejor sabe hacer: un buen trabajo de actores y cintas con tintes de melodrama.
La búsqueda de historias universales por parte del director de 21 Gramos lo lleva a tratar de meter la mayor cantidad de elementos posibles dentro de un microcosmos (la inclusión de la relación gay es claro ejemplo de esto). Tantas particularidades impiden lograr la universalidad. Y hablando de escenas forzadas, la secuencia del antro es un hermoso concierto de sinsentidos.
Quizás Alejandro González Iñárritu recapacite para su próximo trabajo y busque un buen guionista. No es necesario que regrese con Arriaga, pero es casi 100% seguro que el ego desmedido del cineasta le impida ver más allá de su propia nariz.

Por Rafael Paz

lunes, 27 de septiembre de 2010

Hidalgo: la historia jamás contada (El Nini del bicentenario)

Una vez terminada la cruda del festejo bicentenario, sólo nos queda mirar hacia atrás y preguntarnos ¿Quedó algo para la posteridad? ¿De qué forma nos juzgará la historia a los que nos tocó vivir estos 200 años del inicio de la independencia? Podemos decir que el desfile fue fugaz; en cuanto a obras públicas, el que todas digan bicentenario no quiere decir que se identifiquen con este; monumentos, no hay (por el momento); así que lo único que nos queda son las artes. En especial el cine. Aquí es donde entra Hidalgo: la historia jamás contada.

De las cintas hechas expresamente para este aniversario de la patria, es la única que abarca el periodo independentista de nuestra historia, sin contar la película animada Héroes Verdaderos. A diferencia de El Atentado (Jorge Fons) y El Infierno (Luis Estrada), Hidalgo… basa su trama en la vida “secreta” del Padre de la patria e intenta darle al espectador nuevos datos que no incluye su estampita de la papelería.

Pero es exactamente ése el punto en que falla el largometraje. A lo largo de sus 115 minutos de duración, es notoria una indefinición sobre lo que buscan el guionista (Leo Eduardo Mendoza) y el director (Antonio Serrano). Ni es una película biográfica Ni es puro entretenimiento.

Esta vaguedad provoca que el clímax de la película se pierda y se desdibuje; inclusive uno de los personajes dice: “tanto para esto”. El proyecto original sonaba más coherente, Hidalgo Molière era el titulo, y el argumento se desenvolvía con el cura Hidalgo tratando de montar El Tartufo de Molière, pero como sucede en muchas ocasiones, la ejecución del plan falla.

Así, Antonio Serrano logra momentos rescatables, como los ensayos de la obra de teatro, pero existen, de igual manera, momentos poco logrados que entorpecen el desarrollo de la historia, como la escena del son jarocho donde el padre Hidalgo baila con una “devota” de Dios.

El casting tampoco es de lo más atinado. Comenzando por el “comediante” Yurem Rojas, quien fue elegido para interpretar al joven Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor (sí, por si usted no lo sabía, ése es el nombre completo del cura). Yurem habla como si viviera en pleno siglo XXI en cualquier colonia al sur de la ciudad, cuando, en teoría, su acento debería estar más cercano al de los españoles peninsulares de la Colonia.

Un problema que parece comenzar a volverse endémico para el cine mexicano es la falta de actores, pues los mismos rostros de la televisión integran el reparto de cualquier película mexicana, o la última cinta nacional que se estrenó, comparte actores con la de la próxima semana. Este inconveniente puede resultar, a la larga, altamente perjudicial para la industria. Es necesario dar oportunidades a los nuevos talentos antes de que sea demasiado tarde.

De esta forma, Hidalgo: la historia jamás contada se queda a medias en su objetivo, igual que estos festejos por el Bicentenario. Fiel reflejo del país en que vivimos, ni cómo negarlo.

martes, 7 de septiembre de 2010

El Infierno: Realidad sin ficción

Narcotráfico, drogas, autoridades corruptas, violencia, muertos en cada esquina, crisis económica, hambre, pobreza, desdicha, desolación; sé lo que están pensando, dirán las noticias han comenzado nuevamente, pero se equivoca, no son las noticias es la nueva parábola de Luis Estrada, El Infierno.
Después de 20 años en los Estados Unidos, Benjamín Díaz ha regresado a su tierra, un “ficticio” San Miguel de Allende, de donde huyó siendo un chaval en busca de oportunidades, pero se topa con que las cosas están peor que cuando el partió hacia suelo norteamericano.
Luis Estrada apoya el desarrollo de la trama en sus dos actores principales, Damian Alcazar (el “Beni”) y Joaquín Cosío (el “Cochiloco”), quienes brindan grandes actuaciones apoyados por un excelente reparto: María Rojo, Ernesto Gómez Cruz, Jorge Zarate, Daniel Giménez Cacho, entre otros (incluido un homenaje a  Mario Almada).
Al igual que en La Ley de Herodes (1999) el director trata de proyectar la realidad por medio de una parábola sobre la vida, arrancado en el humor negro para terminar en la tragedia de lo que se vive, pero, al contrario de la película del 99 El Infierno se ve rebasada por lo cotidianeidad.
Es difícil no ver la cinta y sentir que el relato de Estrada se queda corto con lo que miles de mexicanos viven diariamente, mientras que el La Ley de Herodes el México que se analizaba era el de los 72 años del PRI en el poder y al menos para esas fechas se vislumbraba un cambio, incierto pero cambio al fin. El presente luce más nublado.
Muestra es que en alguna parte del largometraje uno de los personajes apunta que ya hay 13 mil muertos debido a la “guerra” contra el narcotráfico, eso hace una año de la filmación y como lo dijo Estrada en la conferencia de prensa, esa cifra sonaba ilógica y por eso la usaron, tristemente al día de hoy ese numero “estratosférico” se ha visto rebasado y con creces.
Damian Alcazar de nuevo interpreta el papel de un hombre que es victima de las circunstancias y de su entorno, que ve rebasados sus deseos de superación y ante el callejón sin salida decide subsistir no importando el precio ni las consecuencias.
Por su parte Joaquín Cosío logra con su “Cochiloco” un interpretación que quedará arraigada en el subconsciente colectivo del mexicano y se convertirá en una referencia obligada sobre el estilo de vida de los narcotraficantes.
Sí algo hay que reconocerle a Luis Estrada es la sapiencia para saber llevar el filme sin que el ritmo decaiga y la atención de espectador no se escape. Además de un buen guión plagado de lugares comunes del acontecer nacional, desde el policía corrupto hasta la prostituta de buen corazón, en este caso Elizabeth Cervantes como Lupita.
Hacia el final de la cinta las reacciones son diversas, supongo que en el Distrito Federal el público puede tornarse más reflexivo con lo que acaba de ver, pero no puedo evitar preguntarme ¿Qué sentirán los habitantes de Tijuana, Monterrey, Michoacán, o cualquier otro lugar del país donde la única ley que existe es la del más fuerte, al ver El Infierno? En caso de que la inseguridad les haya permitido llegar a su cine más cercano.
Quizá, como bien apunta Maximiliano Torres en su columna en Milenio Diario, Luis Estrada debió esperar un poco más para hacer una reflexión de este tamaño, aunque, quizá para entonces no exista país que retratar.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Atentado: Pasado que se repite

¡Que chingue a su madre el presidente!
En 1897, casi una década antes del comienzo de la Revolución, un ebrio estudiante de leyes atentó contra la vida del entonces presidente, Porfirio Díaz, aunque falló y el dictador salió sin rasguño alguno. Ésa es la historia de El Atentado (2010) la nueva película de Jorge Fons.

Con un presupuesto inalcanzable (78 mdp) para la mayoría de las producciones mexicanas, Fons busca reflexionar acerca de la sociedad que componía al Porfiriato y la que compone el presente, sugiriendo que tal vez las dos no sean tan diferentes a pesar de que ha pasado más de un siglo.

Podemos decir que eso es lo más rescatable de la película, una reflexión que se ve truncada debido a la poca pericia de Jorge Fons, problema que ya había tenido el director en Rojo Amanecer (1989), donde aborda la matanza de estudiantes del 2 de Octubre del 68 desde la perspectiva de una familia de clase media atrapada a mitad del conflicto.

Una de las principales fallas de El Atentado es que el guión nunca se define entre el thriller político o el conflicto amoroso que viven los protagonistas con Cordelia Godoy (Irene Azuela) y esto da como resultado un desarrollo muy lento y predecible para los espectadores.

Alfred Hitchcock decía que “mientras más logrado fuera el malo” más lograda era la película; en este caso, ninguno de los personajes “malos”, interpretados por Aarón Hernán y Julio Bracho, logran una buena actuación. En ningún momento es posible sentir las motivaciones que los llevaron a organizar un ataque contra Porfirio Díaz. De esta forma, la intriga política nunca despega.

Por otro lado, Irene Azuela, a pesar de ser una buena actriz, no logra imponerse en su papel y se pierde entre los flashbacks que tratan de explicar los amoríos de Cordelia con el escritor Federico Gamboa (Daniel Giménez Cacho), Arnulfo Arroyo (José María Yazpik) y Eduardo Velázquez (Julio Bracho). Una historia de amor que nunca se resuelve y que en pantalla nunca logra una verdadera tensión entre sus actores.

Fons trata de introducir a lo largo del filme varias reflexiones para el público. Una de ellas sobre los compromisos de la prensa para con sus lectores, ¿a quién se le debe el medio? ¿Al poder o a la sociedad? ¿A quién debe servir? Esto se representa en Álvaro Mateos (José María de Tavira), un joven periodista de El Imparcial, que ve comprometida su ética laboral y se ve en la necesidad de tomar partido, callar o rebelarse.

Pero toda esta reflexión se cae por la borda cuando el mismo Fons se deja llevar por sus intereses; el GDF, de extracción perredista, contribuyó para el presupuesto de la cinta y resultan obvias las referencias y los ataques al gobierno de Felipe Calderón, un claro ejemplo de esto es cuando uno de los payasos del circo dice “haiga sido como haiga sido”, o cuando el personaje de José María Yazpik canta a la menor provocación: “que chingue a su madre el presidente”.

En 120 minutos de duración, el filme nunca logra obtener un buen ritmo, inclusive resulta repetitivo por algunos lapsos. Además parece que Jorge Fons quería dirigir más una telenovela que una película con esta historia, hay demasiada paja y subtramas que nunca explotan.

Lástima, pudo haber sido un excelente ejercicio para una nación que llega perdida a conmemorar  fechas sólamente por el pretexto de hacer fiesta.

jueves, 26 de agosto de 2010

Las buenas hierbas: Entre Macondo y La Rosa de Guadalupe

Después de un paso triunfal por el Festival de Cine de Guadalajara, donde cosecho diversos galardones (incluyendo Mejor Guíón y Mejor Largometraje de Ficción), Las Buenas hierbas llega a las salas de la Ciudad de México, las cuales se encontraban saturadas de testosterona con Los Indestructibles y Depredadores.

A diferencia de estas María Novaro, guionista y directora de la cinta, hace de las mujeres el eje central de Las Buenas Hierbas, la trama se desarrolla en torno a Dalía (una convincente Úrsula Pruneda) quien debe enfrentar la difícil enfermedad que ataca a su madre Lala (Ofelia Medina), el Alzheimer, y todo el deterioro que esto provoca no sólo en su progenitora sino en todos aquellos que la rodean.
Novaro es una directora mas sensible que eficaz, a pesar del buen trabajo de sus actrices principales, la cinta carece de un buen ritmo debido en parte a la proliferación de subtramas adyacentes a la historia principal, ejemplo de esto es que gasta la primera media hora de la película sin lograr un planteamiento claro sobre el conflicto que sufrirán las protagonistas de la historia.

Es el mismo problema que aqueja a la directora en su cinta más reconocida, Danzón (1991), a pesar de lograr sólidas actuaciones en los papeles principales pierde el control de la edición al insertar personajes que nunca logran un pleno desarrollo.

En Las buenas hierbas este problema se vuelve crónico. Ejemplo de esto es por Gabo (Gabino Rodríguez) “novio” en turno de Dalía, quien entra a la historia de manera accidental y, en apariencia, debido a la compasión que Dalía siente por el, pero después del primer encuentro sexual comienza a perder relevancia hasta desaparecer y nunca justificar su inserción en un guión plagado de personajes sin desarrollo y por lo tanto intrascendentes.

Pero a pesar de estos errores la historia central se sostiene gracias al trabajo de Úrsula Pruneda y Ofelia Medina, las cuales hubieran lucido más si el filme tuviera media hora menos de duración, si eliminamos las subtramas y nos quedamos con el núcleo obtendríamos una gran película, pero dudo que María Novaro me haga caso.

Otras dos fallas de la son la edición y la fotografía. La primera nunca ayuda a mejorar el ritmo, inclusive se siente algo forzada con la inserción de tomas de árboles y hierbas, ya que a pesar de que el nombre de la película es Las buenas hierbas estas nunca son el tema principal, por el contrario son un mero pretexto.
En cuanto a la fotografía de igual forma no es usada para construir el discurso de la película, el fotógrafo nunca imprime un estilo sólo se dedica a capturar escenas.

Estos aspectos provocan que la cinta se quede entre referencias al Macondo de Gabriel García Márquez (por eso de los letreritos) y un buen capitulo de la Rosa de Guadalupe (digo, esta editado de la misma manera). Las buenas hierbas es un claro ejemplo de uno de los males endémicos del cine nacional, se opta por la poética y la lírica en las imágenes a costa de la sencillez en la trama.

@pazespa

jueves, 19 de agosto de 2010

Bienvenidos al geriátrico de Sylvester

No se a ustedes, pero cuando vi el cartel que anunciaba la próxima película de Sylvester Stallone no pude hacer otra cosa sino babear, las letras negras que contrastaban con el fondo blanco del póster prometían demasiado: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Steve Austin, Mickey “The Ram” Rourke, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Como no emocionarse si era la conjunción de casi todas las estrellas de acción de los 70 y 80 (algunos de los 90), quizá los únicos que faltaron fueron Steven Segal y Chuck Norris, unos dicen que Charles Bronson(1) también debió de haber sido invitado (¡saludos Negrete!), aun sin ellos la cinta prometía y mucho.
Así que como buen cinéfilo acudí el mismo día de su estreno al cine, de todos modos la cartelera nacional no dejaba muchas opciones.

La película es exactamente lo que promete, ni más ni menos, si alguien compra su boleto esperando un gran guión, grandes efectos especiales, actuaciones que lleven a nominaciones a los Oscares, etc. No lo va a encontrar.
Si bien Sylvester Stallone no es el director más grande de la historia del cine, sabe exactamente lo que su público esta buscando: balazos, persecuciones de coches, hombres fuertes pero con corazón, explosiones, cameos inolvidables y ver a los protagonistas patear traseros durante la casi hora y cuarenta y cinco minutos que dura el filme.

Qué importa si la realidad esta descafeinada, si el malo de la película se parece ligeramente a Hugo Chávez o si la chica que tienen que rescatar es tan insípida para actuar que parece que la sacaron de alguna novela de Telemundo.
Lo único que a mi me importa realmente es lo acabados que se ven estos hombres, a excepción de Jason Statham, ya que son nuestras estrellas de acción y no se ve quien pueda suplirlos, Vin Diesel resultó un fracaso y mejor se puso a hacer películas de Disney, para la nueva película de Depredador mejor contrataron a Adrien Brody (que tiene lo mismo de actor de cine de acción que yo de levantador de pesas).

Si no han visto la película aquí detengan su lectura y gracias por su atención.
Continuemos.

Obviamente la película puedo haber sido mil veces mejor, las subtramas amorosas están pésimamente llevadas y se podrían haber explotado más, al menos se ve que el personaje de Statham se quedará con la chica, pero en cuanto a Barney (Stallone) hace el peor negocio de su vida: le iban a pagar cinco millones de dólares por echar bala en la isla y los rechaza, decide ir a la isla para rescatar a la chica, la rescata y ni si quiera se ve que le de un beso, digo esta bien que sea un abuelo pero al menos un besito, una nalgada, algo; y no contento con dejar la isla con las manos vacías, el señor como buen rabo verde, le deje su numero de cuenta a la muchacha quesque para reconstruir la isla.

No la chiflen que es cantada dicen en mi pueblo, además, resulta obvio que habrá una segunda parte, digo nunca explican como pero Dolph Lundgren regresa de la tumba con un parchecito en el pecho después de que le habían metido una bala en el corazón.
Pero aun a pesar de todo esto The Expendables resulta un gran ejercicio nostalgico, no es por ningún motivo la cinta que les cambiara la vida, pero les garantizo que pasaran un buen rato.

Como dijo alguna vez el gran Homero Simpson, “cuando dejamos de admirar al hombre con un lanzallamas”, sinceramente espero que nunca suceda, ver balazos en celuloide es la neta.

PD. Espero que al guionista de la segunda parte se le ocurra usar para el villano la mejor frase que le he escuchado expresar a Mel Gibson en toda su carrera: “Mujer, si no te quitas esos senos te va a violar una jauría de negros”. Sin palabras.

1 El legendario Charles Bronson falleció el 30 de agosto del 2003, lo cual hizo imposible su incorporación a The Expendables, por lo tanto su mención para la película solamente fue sarcasmo de mi parte