jueves, 26 de agosto de 2010

Las buenas hierbas: Entre Macondo y La Rosa de Guadalupe

Después de un paso triunfal por el Festival de Cine de Guadalajara, donde cosecho diversos galardones (incluyendo Mejor Guíón y Mejor Largometraje de Ficción), Las Buenas hierbas llega a las salas de la Ciudad de México, las cuales se encontraban saturadas de testosterona con Los Indestructibles y Depredadores.

A diferencia de estas María Novaro, guionista y directora de la cinta, hace de las mujeres el eje central de Las Buenas Hierbas, la trama se desarrolla en torno a Dalía (una convincente Úrsula Pruneda) quien debe enfrentar la difícil enfermedad que ataca a su madre Lala (Ofelia Medina), el Alzheimer, y todo el deterioro que esto provoca no sólo en su progenitora sino en todos aquellos que la rodean.
Novaro es una directora mas sensible que eficaz, a pesar del buen trabajo de sus actrices principales, la cinta carece de un buen ritmo debido en parte a la proliferación de subtramas adyacentes a la historia principal, ejemplo de esto es que gasta la primera media hora de la película sin lograr un planteamiento claro sobre el conflicto que sufrirán las protagonistas de la historia.

Es el mismo problema que aqueja a la directora en su cinta más reconocida, Danzón (1991), a pesar de lograr sólidas actuaciones en los papeles principales pierde el control de la edición al insertar personajes que nunca logran un pleno desarrollo.

En Las buenas hierbas este problema se vuelve crónico. Ejemplo de esto es por Gabo (Gabino Rodríguez) “novio” en turno de Dalía, quien entra a la historia de manera accidental y, en apariencia, debido a la compasión que Dalía siente por el, pero después del primer encuentro sexual comienza a perder relevancia hasta desaparecer y nunca justificar su inserción en un guión plagado de personajes sin desarrollo y por lo tanto intrascendentes.

Pero a pesar de estos errores la historia central se sostiene gracias al trabajo de Úrsula Pruneda y Ofelia Medina, las cuales hubieran lucido más si el filme tuviera media hora menos de duración, si eliminamos las subtramas y nos quedamos con el núcleo obtendríamos una gran película, pero dudo que María Novaro me haga caso.

Otras dos fallas de la son la edición y la fotografía. La primera nunca ayuda a mejorar el ritmo, inclusive se siente algo forzada con la inserción de tomas de árboles y hierbas, ya que a pesar de que el nombre de la película es Las buenas hierbas estas nunca son el tema principal, por el contrario son un mero pretexto.
En cuanto a la fotografía de igual forma no es usada para construir el discurso de la película, el fotógrafo nunca imprime un estilo sólo se dedica a capturar escenas.

Estos aspectos provocan que la cinta se quede entre referencias al Macondo de Gabriel García Márquez (por eso de los letreritos) y un buen capitulo de la Rosa de Guadalupe (digo, esta editado de la misma manera). Las buenas hierbas es un claro ejemplo de uno de los males endémicos del cine nacional, se opta por la poética y la lírica en las imágenes a costa de la sencillez en la trama.

@pazespa

jueves, 19 de agosto de 2010

Bienvenidos al geriátrico de Sylvester

No se a ustedes, pero cuando vi el cartel que anunciaba la próxima película de Sylvester Stallone no pude hacer otra cosa sino babear, las letras negras que contrastaban con el fondo blanco del póster prometían demasiado: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Steve Austin, Mickey “The Ram” Rourke, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Como no emocionarse si era la conjunción de casi todas las estrellas de acción de los 70 y 80 (algunos de los 90), quizá los únicos que faltaron fueron Steven Segal y Chuck Norris, unos dicen que Charles Bronson(1) también debió de haber sido invitado (¡saludos Negrete!), aun sin ellos la cinta prometía y mucho.
Así que como buen cinéfilo acudí el mismo día de su estreno al cine, de todos modos la cartelera nacional no dejaba muchas opciones.

La película es exactamente lo que promete, ni más ni menos, si alguien compra su boleto esperando un gran guión, grandes efectos especiales, actuaciones que lleven a nominaciones a los Oscares, etc. No lo va a encontrar.
Si bien Sylvester Stallone no es el director más grande de la historia del cine, sabe exactamente lo que su público esta buscando: balazos, persecuciones de coches, hombres fuertes pero con corazón, explosiones, cameos inolvidables y ver a los protagonistas patear traseros durante la casi hora y cuarenta y cinco minutos que dura el filme.

Qué importa si la realidad esta descafeinada, si el malo de la película se parece ligeramente a Hugo Chávez o si la chica que tienen que rescatar es tan insípida para actuar que parece que la sacaron de alguna novela de Telemundo.
Lo único que a mi me importa realmente es lo acabados que se ven estos hombres, a excepción de Jason Statham, ya que son nuestras estrellas de acción y no se ve quien pueda suplirlos, Vin Diesel resultó un fracaso y mejor se puso a hacer películas de Disney, para la nueva película de Depredador mejor contrataron a Adrien Brody (que tiene lo mismo de actor de cine de acción que yo de levantador de pesas).

Si no han visto la película aquí detengan su lectura y gracias por su atención.
Continuemos.

Obviamente la película puedo haber sido mil veces mejor, las subtramas amorosas están pésimamente llevadas y se podrían haber explotado más, al menos se ve que el personaje de Statham se quedará con la chica, pero en cuanto a Barney (Stallone) hace el peor negocio de su vida: le iban a pagar cinco millones de dólares por echar bala en la isla y los rechaza, decide ir a la isla para rescatar a la chica, la rescata y ni si quiera se ve que le de un beso, digo esta bien que sea un abuelo pero al menos un besito, una nalgada, algo; y no contento con dejar la isla con las manos vacías, el señor como buen rabo verde, le deje su numero de cuenta a la muchacha quesque para reconstruir la isla.

No la chiflen que es cantada dicen en mi pueblo, además, resulta obvio que habrá una segunda parte, digo nunca explican como pero Dolph Lundgren regresa de la tumba con un parchecito en el pecho después de que le habían metido una bala en el corazón.
Pero aun a pesar de todo esto The Expendables resulta un gran ejercicio nostalgico, no es por ningún motivo la cinta que les cambiara la vida, pero les garantizo que pasaran un buen rato.

Como dijo alguna vez el gran Homero Simpson, “cuando dejamos de admirar al hombre con un lanzallamas”, sinceramente espero que nunca suceda, ver balazos en celuloide es la neta.

PD. Espero que al guionista de la segunda parte se le ocurra usar para el villano la mejor frase que le he escuchado expresar a Mel Gibson en toda su carrera: “Mujer, si no te quitas esos senos te va a violar una jauría de negros”. Sin palabras.

1 El legendario Charles Bronson falleció el 30 de agosto del 2003, lo cual hizo imposible su incorporación a The Expendables, por lo tanto su mención para la película solamente fue sarcasmo de mi parte

lunes, 2 de agosto de 2010

Inception: El cine es sueño

“Los sueños son en muchas ocasiones más profundos cuando estos parecen más locos” Sigmund Freud

Alguna vez, un maestro en la universidad me comentó que la vida era demasiado monótona para los hombres de las cavernas, sólo tenían como escapatoria sus sueños, debido a eso nacieron las artes.

Así el arte y el sueño se fundieron, el arte como expresión de los pensamientos más profundos del ser humano, pero sin la limitante del subconsciente. Las artes no tienen por qué retratar la realidad ni buscar verosimilitud, tienen que ser un escape. Eso es Inception (Christopher Nolan, 2010).

Después de haber maravillado al mundo con The Dark Knight, Nolan nos entrega un filme original, sencillo y visualmente impresionante. Nos sumerge en el subconsciente de sus donde son libres de crear, transformar y expresarse, donde, de igual manera, son atacados por sus temores y recuerdos reprimidos.

Muchos se han dedicado a comparar El Orgien con The Matrix de los hermanos Wachowski, que me disculpen los que así opinan, pero creo que se equivocan. Quizá el único punto de comparación entre una y otra sea el uso de los efectos especiales, la gran diferencia es como cada director los utiliza. Nolan decide usarlos en función del guión y los demás elementos cinematográficos, cómo explicación del sueño; los Wachowski son exactamente lo contrario, basan su película en la impresión que causan los efectos especiales y se subyugan a estos.

Nolan utiliza un recurso sencillo para hacer caminar el guión (muy a la Hitchcock), un hombre inocente es acusado de un crimen que no cometió y esto lo ha obligadoa escapar hasta que pueda demostrar su inocencia. Esta es la historia de Cobb, quien se dedica a robar secretos corporativos introduciéndose en los sueños ajenos. Y así con algo tan sencillo como introducir a un hombre en el subconsciente de otro, Nolan logra devolver a Hollywood un poco del lustro perdido en este decaídoverano, donde habíamos visto a la meca del cine hacer de todo y no lograr resultados satisfactorios, hasta la llegada de Inception lo único rescatable había sido la tercera parte Toy Story, que apela mucho al subconsciente y los recuerdos de todos los espectadores (¡qué raro en esta época de remakes!).

El filme de Nolan debe ser la inflexión para una industria que ha caído en el letargo, si alguna vez se le llamó la fábrica de sueños, debe volver a serlo; apostando por guiones originales y directores talentosos, aunque no dudo que algún estudio copie el estilo de Nolan (seguro Zack Snyder se apunta).

El Origen (como le pusieron en México) funciona por que nos sumerge en uno de los lugares más misteriosos para el ser humano, donde residen los recuerdos reprimidos y se manifiesta nuestro verdadero ser con todos sus temores y defectos, como Cobb y su mujer Mal (Marion Cotillard).

Y ese es el verdadero objetivo del cine, ofrecernos experiencias que difícilmente viviremos, no es necesario que los personajes salten de la pantalla (Avatar) para sumergirnos en mundos que desconocemos, sólo hace falta imaginación y un buen guión.

Gracias Nolan.

“Hemos observado que cada neurosis tiene como resultado, y por lo tanto como propósito, el forzar al paciente a salir de la vida real, a alienarlo de la cotidianeidad” Sigmund Freud