jueves, 22 de abril de 2010

The Story of Anvil: Rocking in the free world


Pocas veces un documental de rock logra ser tan conmovedor como The Story of Anvil, ya que en la mayoría de los casos se busca retratar a los grupos y sus pormenores, durante alguna larga gira de conciertos.

Sacha Gervasi nos adentra en el día a día de Steve “Lips” Kudow (guitarrista) y Robb Reiner (baterista), fundadores y miembros vitalicios del grupo de metal canadiense, Anvil.

La premisa del filme es sencilla. ¿Por qué este grupo de metal, que tiempo atrás compartió el escenario con Scorpions, Bon Jovi (sinceramente, no creo que estén orgullosos de este en especial) y otras famosas bandas de los años 80; a pesar de haber influenciado a varios de los más grandes grupos del metal como Metallica y Slayer; nunca obtuvo la fama ni el reconocimiento del público?

De esta forma la película termina convirtiéndose en la búsqueda de la fama y fortuna que le fue negada a Anvil. Gervasi acompaña a la banda a sus lugares de trabajo, Lips se gana la vida haciendo entregar de comida a domicilio y Reiner quita escombros en una construcción; además el director acompaña a la banda durante sus presentaciones en bares canadienses, donde se codea con los más fieles fans de Anvil.

La cinta por momentos recuerda al mockumentary This Is Spinal Tap, pero contrario a este, la historia de Anvil es verdadera, convirtiéndose en un medio de identificación para todo aquel que busque realizar sus sueños.

Cuando tenían 14 años Lips y Reiner juraron “rockear para siempre” y a sus 50 años, se les puede ver resueltos a cumplir su promesa, no importando todas las trabas que encuentren en su camino.

Gervasi se une al grupo durante su gira europea, donde la banda vuelve a tener un nuevo gran fracaso, derivado de las buenas intenciones de su manager, la cual debido a inexperiencia echa todo por la borda, nunca logra empatar los horarios de los trenes, ni publicidad para las presentaciones a las cuales no acuden más de 100 personas por noche.

Pero nada de esto desanima a la banda, quienes buscan al productor Chris Tsangarides para trabajar en su catorceavo disco, el cual termina siendo financiado por la hermana de Lips, sobra decir que nunca recuperó su dinero.

Ya con el material en sus manos son rechazados por todas las disqueras a las que acuden, este parece ser el fin de los sueños de Anvil, pero una llamada desde Japón logra reunir nuevamente a la banda para participar en un festival de metal en la Tierra del Sol Naciente.

Las escenas finales durante el festival son quizá las más conmovedores de cualquier documental de rock que haya existido o, al menos, que el autor de este texto haya observado.

The Story of Anvil es, sin duda, un filme obligado para todos aquellos amantes del rock y el metal, sin embargo no es necesario tener conocimientos musicales, ya que el documental resulta regocijante para todo aquel que haya tenido un sueño y nunca desee bajar las manos para lograrlo.

martes, 20 de abril de 2010

Where the Wild Things Are: Conociendo a mi niño interior


Spike Jonze es uno de los elementos más interesantes del cine independiente alrededor del mundo, director de Adaptation (2002) y Being John Malkovich (1999), ambas sorprendentes, es también capaz de traer al mundo cosas como Jackass, sí, ese programa que nuestros padres y maestros odiaban, pero que provocaba risas alrededor del mundo.

En esta ocasión, Jonze, lleva a la pantalla grande una adaptación del libro para niños Where the Wild Things Are de Maurice Sendak, aunque la película difiere bastante de los dibujos de Sendak, ya que estos carecen de diálogos.

Y ese es el principal reto del filme, la transformación de las viñetas al celuloide, y que gracias a la labor de Spike Jonze, Dave Eggers y el mismo autor, Maurice Sendak, se logra de manera satisfactoria.

Max (Max Records), es niño de unos 10-11 años, hijo de padres divorciados, madre trabajadora y con una hermana transitando la adolescencia, estas características no son ajenas a cualquier persona hoy en día, todos hemos conocido a alguien que las sufre o, en su caso, las sufrimos en carne propia.

Obviamente Max tiene severos problemas de adaptación con el mundo que lo rodea y la noche que mamá decide llevar a su nuevo novio a casa, empeora las cosas, por lo tanto Max huye primero entre calles oscuras y después sobre una lancha, hasta llegar a una isla a mitad del mar.

Ya dentro del bosque del islote, el niño conoce a siete monstruos y se autonombra rey de todos ellos. Este es el primer indicio de que Max y las botargas son uno mismo.

Las aventuras del pequeño rey y sus amigos, le mostraran que todos tienen problemas, pero que depende de cada quien el lidiar con ellos y resolverlos.

La isla es la continuación de la metáfora del universo interno de Max, y el monstruo Carol (con la voz de James Gandolfini) la maxima expresión de la misma. Carol representa el estado emocional con el que Max llega a la isla, a pesar de que hace las cosas con buenas intenciones, su agresividad y ensimismamiento termina complicando las cosas.

Un ejemplo más de esto es Judith, con la voz de Catherine O’Hara, simboliza el lado más caprichoso de Max, sino recibe atención se enfurece y lastima a la gente a su alrededor, formando un puente entre el personaje y la escena de la cocina, donde Max muerde a su madre.

Siguiendo esta línea de pensamiento, Douglas (el pajarraco) a quien da vida Chris Cooper, personaliza a Max en los momentos que acompaña a su madre y hermana, debido a la fidelidad que Douglas muestra hacia Carol, no importando que este lo lastime y le arranque su brazo favorito.

El personaje más enigmático sin duda es el Toro, porque solo tiene dos líneas durante toda la película, sin embargo podemos decir no es una imagen de Max, sino, de su padre el cual se encuentra ausente en su vida y por lo tanto no tiene injerencia en ella.

No es raro que Donde viven los Monstruos, no sea apta para menores. No es que su contenido, sea insatisfactorio para un infante, pero el nivel de abstracción necesario para entender la historia, sólo se logra con los años y la experiencia.

Tampoco resulta extraño que los asistentes a la sala de cine, lloren como Magdalenas, la universalidad de la historia y las situaciones que representa provocan identificación en el espectador.

La música de Carter Burwell (compositor de cabecera de los hermanos *Coen*) y Karen O (vocalista de los Yeah Yeah Yeahs), acompaña a la perfección los momentos y sentimientos mostrados en pantalla, aunque a mi gusto la señorita Karen debería gritar menos y cantar más.

Spike también utiliza la cámara en mano, para transportarnos a la visión subjetiva que tiene Max de los eventos, evidentemente la cámara se sacude constantemente, casi tanto como en Bailando en la Oscuridad de Lars Von Trier (la oda a la cámara en mano).

Where the Wild Thinghs Are funciona por que nos lleva de la mano a los temores de la infancia, cuando el mundo nos era desconocido y el futuro lucia como un sitio muy distante.

domingo, 18 de abril de 2010

Cría Cuervos... : Esa niña tiene un problema


Todos los países han sufrido algún momento traumático a lo largo de la historia, en México sufrimos 72 años de la dictadura perfecta, casi todos los países de Europa estuvieron involucrados en la segunda guerra mundial, inclusive los americanos siguen enfrentando los fantasmas que sobreviven del 11/09.

Para España, el trago más amargo que ha vivido es el franquismo y su cacique Francisco Franco, una dictadura cuyas secuelas siguen vivas en la sociedad española.

En Cría Cuervos… Carlos Saura, analiza el franquismo desde los ojos de una niña, la pequeña Ana (interpretada magistralmente por Ana Torrent).

Ana es la metáfora perfecta acerca de los vicios y pecados de una sociedad. Asesina a su padre, general franquista, porque ella considera que es la causa de la muerte de su madre. El padre de Ana representa al franquismo entero que acabo con toda una generación de españoles, simbolizada en la madre, una Geraldine Chaplin con un marcado acento británico.

De esta forma Ana, vive atrapada entre el pasado y el presente, es por eso que vemos discutir a sus padres a pesar de que están muertos. También escenifica al mostrarnos a una Ana adulta (de nuevo Geraldine Chaplin, pero sin acento británico al hablar), a todos los españoles que por más que lo intenten no podrán dejar atrás las heridas y quedarán en medio del progreso y el anquilosado pasado.

Para remarcar el enclaustramiento que experimenta la niña, la mansión donde habita junto a sus hermanas, su tía, una abuela invalida y una nana (bastante metiche por cierto), está en el centro de Madrid pero las niñas nunca pisan el exterior sino es para ir al campo a visitar a un amigo de padre franquista o para ir a la escuela, de esta forma la metáfora se cierra.

Ya que no importa si viven en plena caída del franquismo (por que sí Franco hubiera estado completamente sano, esa película no ve la luz), las niñas continúan encerradas y respiran la dictadura en toda su expresión.

Otro punto a resaltar es el uso que le da Carlos Saura a la señorita Chaplin, no es gratuito que la misma intérprete sea madre e hija, es aquí donde Saura trata de decirnos que Ana está condenada a repetir los errores de su madre y convertirse en una calca del fracaso que fue su vida.

Al observar Cría Cuervos… podemos recordar a otra gran película, El laberinto del fauno del cineasta mexicano Guillermo Del Toro; en ambos filmes la perspectiva se centra en una niña, las dos escapan de su realidad fantaseando (una con sus padres y la otra con cuentos de hadas), también carecen de figuras paternas dominantes y están “a la buena de Dios”.

Aunque esto no significa que El Laberinto del Fauno sea una copia del filme de Saura, no podría existir peor conclusión que esa, simplemente Del Toro al igual que muchos otros cineastas no esconde sus influencias, al contrario las usa para llegar a resultados más interesantes.

Hacia el final de la película vemos como Ana, con una frialdad impactante, lava el vaso donde supone ha envenenado a su tía, pero a pesar de todos sus esfuerzos la pequeña no podrá librarse de sus demonios, al igual que todos nosotros.

martes, 6 de abril de 2010

Wetbacks en la frontera


Los tres entierros de Melquiades Estrada, parece ser a simple vista otra película más de texanos, montados a caballo, con botas, arreando reses, matando wetbacks (algunos texanos, no todos) y ubicada en una localidad donde parece que no pasa nada.

Pero esa primera impresión no podría estar más equivocada, la dirección de Tommy Lee Jones se apoya en sí mismo como actor principal para que la historia rápidamente gire hacia un filme lleno de matices y tonalidades.

Melquiades(Julio Cedillo) es un mexicano más que cruza la frontera en busca de mejores oportunidades para él y su familia, el destino lo junta con Peter (Jones)un vaquero ya entrado en años, que se dedica al negocio de pastorear ganado, de esta forma comienzan a forjar su amistad.

Del otro lado del pueblo el nuevo guardia fronterizo Mike Norton (Barry Pepper), trata de aclimatarse a su nueva vida junto a su joven esposa, Lou Ann (así o más redneck) interpretada por January Jones.

Un día durante sus guardias Mike escucha un disparo, alguien dispara en dirección a él, toma su rifle y responde el fuego, paso seguido descubre que ha matado erróneamente a Melquiades, quien no le disparaba al guardia sino a un zorro que trataba de comerse sus cabras.A partir de este punto el guión, de Guillermo Arriaga, se divide en tres partes, una por cada entierro que sufre el cuerpo de Melquiades Estrada, de ahí el nombre de la cinta.

Peter, al enterarse que su amigo ha muerto y que la policía no tratará de resolver el asesinato decide hacer justicia por su propia mano y cumplir la promesa que le había hecho a Melquiades, enterrarlo en su tierra natal en Jiménez, Coahuila.

El primer entierro, se dedica a descubrir la historia y mostrarnos la descomposición psicológica que sufre Mike después de asesinar por equivocación a Melquiades. Durante una escena vemos como Norton mantiene sexo con su esposa, como si no pasara nada al igual que en el pueblo, Lou Ann no quita la vista del televisor mientras su marido la penetra furtivamente.

Después observamos como Lou Ann se adentra en el hobby de la mesera de la cafeteria cercana a su casa, tener varias parejas sexuales, de esta forma conoce a Melquiades, en el momento en que se internan en el cuarto de un motel barato no tienen relaciones, pero bailan al ritmo de música norteña, convirtiendo la ocasión en algo memorable y con mayor significado sentimental que tener sexo con su marido.

Así cada entierro trata un tema en especifico, el primero, la casualidad y lo fortuito de la vida (que no es realmente un tema nuevo en los guiones de *Arriaga*); el segundo, de cómo el ser humano necesita creer en algo, tener fe y confianza en las personas que lo rodean; el tercero, analiza lo frágil de las relaciones interpersonales y la manera en que negamos la realidad en aras de mantener la cordura mental.

Conforme avanza la cinta Peter y Mike se adentran en el abrasador desierto de coahuilense, donde el fotógrafo Chris Menges, aprovecha toda la belleza natural del paisaje para entregarnos verdaderas postales, aunque por momentos asemeja a cierto comercial de cigarrillos.

La odisea por llevar el cuerpo putrefacto de Melquiades hasta suelo mexicano, provocara que Peter y Mike se odien al principio pero con el paso del tiempo, ambos se confrontan con sus verdaderos sentimientos sobre lo que ha pasado, llegando a comprenderse mutuamente, convirtiendo el trayecto en una verdadera catarsis, donde al final ni Mike es un ser despreciable, ni la supuesta amistad de Melquiades y Peter era completamente honesta.

Uno de los puntos flacos del filme es el trato que se le da a ciertos personajes secundarios, al contario de los personajes principales que transitan en las aéreas grises y tienen varios matices, se estancan en los extremos, o los gringos (la migra) son increíblemente malos hacia los mexicanos o los polleros terminan siendo almas caritativas que sólo se dedican a llevar a cabo los sueños de libertad de sus compatriotas mexicanos.

Las secuencias finales, son sorpresivas para el espectador, confirmando que Tommy Lee Jones no es solamente un gran actor y reivindicando a Guillermo Arriaga como un guionista solvente, después de su última e infructuosa aventura con Alejandro González Iñárritu, esa tonta película llamada Babel.