
Spike Jonze es uno de los elementos más interesantes del cine independiente alrededor del mundo, director de Adaptation (2002) y Being John Malkovich (1999), ambas sorprendentes, es también capaz de traer al mundo cosas como Jackass, sí, ese programa que nuestros padres y maestros odiaban, pero que provocaba risas alrededor del mundo.
En esta ocasión, Jonze, lleva a la pantalla grande una adaptación del libro para niños Where the Wild Things Are de Maurice Sendak, aunque la película difiere bastante de los dibujos de Sendak, ya que estos carecen de diálogos.
Y ese es el principal reto del filme, la transformación de las viñetas al celuloide, y que gracias a la labor de Spike Jonze, Dave Eggers y el mismo autor, Maurice Sendak, se logra de manera satisfactoria.
Max (Max Records), es niño de unos 10-11 años, hijo de padres divorciados, madre trabajadora y con una hermana transitando la adolescencia, estas características no son ajenas a cualquier persona hoy en día, todos hemos conocido a alguien que las sufre o, en su caso, las sufrimos en carne propia.
Obviamente Max tiene severos problemas de adaptación con el mundo que lo rodea y la noche que mamá decide llevar a su nuevo novio a casa, empeora las cosas, por lo tanto Max huye primero entre calles oscuras y después sobre una lancha, hasta llegar a una isla a mitad del mar.
Ya dentro del bosque del islote, el niño conoce a siete monstruos y se autonombra rey de todos ellos. Este es el primer indicio de que Max y las botargas son uno mismo.
Las aventuras del pequeño rey y sus amigos, le mostraran que todos tienen problemas, pero que depende de cada quien el lidiar con ellos y resolverlos.
La isla es la continuación de la metáfora del universo interno de Max, y el monstruo Carol (con la voz de James Gandolfini) la maxima expresión de la misma. Carol representa el estado emocional con el que Max llega a la isla, a pesar de que hace las cosas con buenas intenciones, su agresividad y ensimismamiento termina complicando las cosas.
Un ejemplo más de esto es Judith, con la voz de Catherine O’Hara, simboliza el lado más caprichoso de Max, sino recibe atención se enfurece y lastima a la gente a su alrededor, formando un puente entre el personaje y la escena de la cocina, donde Max muerde a su madre.
Siguiendo esta línea de pensamiento, Douglas (el pajarraco) a quien da vida Chris Cooper, personaliza a Max en los momentos que acompaña a su madre y hermana, debido a la fidelidad que Douglas muestra hacia Carol, no importando que este lo lastime y le arranque su brazo favorito.El personaje más enigmático sin duda es el Toro, porque solo tiene dos líneas durante toda la película, sin embargo podemos decir no es una imagen de Max, sino, de su padre el cual se encuentra ausente en su vida y por lo tanto no tiene injerencia en ella.
No es raro que Donde viven los Monstruos, no sea apta para menores. No es que su contenido, sea insatisfactorio para un infante, pero el nivel de abstracción necesario para entender la historia, sólo se logra con los años y la experiencia.
Tampoco resulta extraño que los asistentes a la sala de cine, lloren como Magdalenas, la universalidad de la historia y las situaciones que representa provocan identificación en el espectador.
La música de Carter Burwell (compositor de cabecera de los hermanos *Coen*) y Karen O (vocalista de los Yeah Yeah Yeahs), acompaña a la perfección los momentos y sentimientos mostrados en pantalla, aunque a mi gusto la señorita Karen debería gritar menos y cantar más.
Spike también utiliza la cámara en mano, para transportarnos a la visión subjetiva que tiene Max de los eventos, evidentemente la cámara se sacude constantemente, casi tanto como en Bailando en la Oscuridad de Lars Von Trier (la oda a la cámara en mano).
Where the Wild Thinghs Are funciona por que nos lleva de la mano a los temores de la infancia, cuando el mundo nos era desconocido y el futuro lucia como un sitio muy distante.