martes, 6 de abril de 2010

Wetbacks en la frontera


Los tres entierros de Melquiades Estrada, parece ser a simple vista otra película más de texanos, montados a caballo, con botas, arreando reses, matando wetbacks (algunos texanos, no todos) y ubicada en una localidad donde parece que no pasa nada.

Pero esa primera impresión no podría estar más equivocada, la dirección de Tommy Lee Jones se apoya en sí mismo como actor principal para que la historia rápidamente gire hacia un filme lleno de matices y tonalidades.

Melquiades(Julio Cedillo) es un mexicano más que cruza la frontera en busca de mejores oportunidades para él y su familia, el destino lo junta con Peter (Jones)un vaquero ya entrado en años, que se dedica al negocio de pastorear ganado, de esta forma comienzan a forjar su amistad.

Del otro lado del pueblo el nuevo guardia fronterizo Mike Norton (Barry Pepper), trata de aclimatarse a su nueva vida junto a su joven esposa, Lou Ann (así o más redneck) interpretada por January Jones.

Un día durante sus guardias Mike escucha un disparo, alguien dispara en dirección a él, toma su rifle y responde el fuego, paso seguido descubre que ha matado erróneamente a Melquiades, quien no le disparaba al guardia sino a un zorro que trataba de comerse sus cabras.A partir de este punto el guión, de Guillermo Arriaga, se divide en tres partes, una por cada entierro que sufre el cuerpo de Melquiades Estrada, de ahí el nombre de la cinta.

Peter, al enterarse que su amigo ha muerto y que la policía no tratará de resolver el asesinato decide hacer justicia por su propia mano y cumplir la promesa que le había hecho a Melquiades, enterrarlo en su tierra natal en Jiménez, Coahuila.

El primer entierro, se dedica a descubrir la historia y mostrarnos la descomposición psicológica que sufre Mike después de asesinar por equivocación a Melquiades. Durante una escena vemos como Norton mantiene sexo con su esposa, como si no pasara nada al igual que en el pueblo, Lou Ann no quita la vista del televisor mientras su marido la penetra furtivamente.

Después observamos como Lou Ann se adentra en el hobby de la mesera de la cafeteria cercana a su casa, tener varias parejas sexuales, de esta forma conoce a Melquiades, en el momento en que se internan en el cuarto de un motel barato no tienen relaciones, pero bailan al ritmo de música norteña, convirtiendo la ocasión en algo memorable y con mayor significado sentimental que tener sexo con su marido.

Así cada entierro trata un tema en especifico, el primero, la casualidad y lo fortuito de la vida (que no es realmente un tema nuevo en los guiones de *Arriaga*); el segundo, de cómo el ser humano necesita creer en algo, tener fe y confianza en las personas que lo rodean; el tercero, analiza lo frágil de las relaciones interpersonales y la manera en que negamos la realidad en aras de mantener la cordura mental.

Conforme avanza la cinta Peter y Mike se adentran en el abrasador desierto de coahuilense, donde el fotógrafo Chris Menges, aprovecha toda la belleza natural del paisaje para entregarnos verdaderas postales, aunque por momentos asemeja a cierto comercial de cigarrillos.

La odisea por llevar el cuerpo putrefacto de Melquiades hasta suelo mexicano, provocara que Peter y Mike se odien al principio pero con el paso del tiempo, ambos se confrontan con sus verdaderos sentimientos sobre lo que ha pasado, llegando a comprenderse mutuamente, convirtiendo el trayecto en una verdadera catarsis, donde al final ni Mike es un ser despreciable, ni la supuesta amistad de Melquiades y Peter era completamente honesta.

Uno de los puntos flacos del filme es el trato que se le da a ciertos personajes secundarios, al contario de los personajes principales que transitan en las aéreas grises y tienen varios matices, se estancan en los extremos, o los gringos (la migra) son increíblemente malos hacia los mexicanos o los polleros terminan siendo almas caritativas que sólo se dedican a llevar a cabo los sueños de libertad de sus compatriotas mexicanos.

Las secuencias finales, son sorpresivas para el espectador, confirmando que Tommy Lee Jones no es solamente un gran actor y reivindicando a Guillermo Arriaga como un guionista solvente, después de su última e infructuosa aventura con Alejandro González Iñárritu, esa tonta película llamada Babel.

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